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Forma, función y sanidad

 

Por: Lionel Peralta L., DMV

Criador y juez acreditado por ANCPCPP y NAPHA

Criadero Peralta Quirós, Lperalta@pq.cr

 

He escuchado tradicionalmente que función sigue a forma.   Otros argumentan lo contrario… forma sigue a función.   Lo importante es que morfología y biomecánica son hermanas mellizas. La morfología, o el fenotipo, es la expresión visual del código genético.   Los ángulos y el largo de los huesos, la masa muscular asociada a estos y las proporciones entre ellos obedientes a un código genético, permiten la expresión funcional o las características biomecánicas propias de individuos, que comparten en un buen porcentaje, genes comunes.   Este patrón fija la secuencia de la huella, los tiempos de apoyo y suspensión de cada miembro y la posición relativa de los cuatro miembros en el tiempo y entre ellos, o sea, la dinámica de movimiento o biomecánica funcional.   Marcadas angularidades de los radios óseos, acompañadas de buenas masas musculares en la región lumbar, grupa y en la región posterior del muslo (nalga), permiten predecir una cierta facilidad en el movimiento de los miembros posteriores, al igual que las espaldas oblicuas han venido relacionándose clásicamente con ligereza y amplitud en el movimiento de los anteriores.

Desde siempre los jinetes han escogido los caballos de acuerdo a una misión o función.   Esta especialización llevó a cruzar animales con características comunes entre sí, aumentando la probabilidad de que genes similares se presenten en las generaciones futuras, llevándonos a la consolidación de razas con aptitudes funcionales similares y en el tiempo, nos llevó a la consolidación de formas como resultado de la función repetida. El cruzamiento de animales puros incrementa la probabilidad de que estas características morfo-funcionales se expresen en el producto.

La forma del cuerpo y las proporciones de sus partes influyen en la expresión del caballo en sus distintos aires, cimentando la relación entre determinada morfología y aptitudes funcionales. En el caso del caballo Peruano de Paso (CPP), empezamos a ahondar en una función, buscando la suavidad y el avance como características particulares y requisito funcional para cumplir el propósito de trasladarnos eficientemente de un lugar a otro, mucho antes que el motor compitiera con satisfacer esta necesidad.   Animales que no tenían la forma que les permitiera cumplir la exigencia de la función fracasaron pero unos pocos sobrevivieron.   Esta selección dirigida a través de décadas y generaciones hizo que los sobrevivientes adaptaron sus formas para hacer más fácil su trabajo. Como Darwin lo propone, la selección no favorece al individuo más fuerte sino al que mejor se adapta a los cambios.   Así nuestro caballo adaptó sus formas a la función que se buscaba.   Suavidad y avance producto de armonía y ejecución.

Importante rescatar la verdad irrefutable que una función sin la forma que permita una ejecución natural lleva al desastre temprano, cediendo paso a comentarios funestos sobre la debilidad del Caballo Peruano de Paso.   Entonces, generalizamos como un problema de la raza el problema propio del individuo que no tiene el fenotipo apropiado para la expresión funcional que le obliga la tradición a través de la selección genética.

La función propia ha contribuido a fijar una forma que condice, no contradice, esta ejecución, forma obligada y fijada a través de generaciones, para lograr la función que es la característica diferencial de nuestro caballo, dinámica de movimiento conocida como pisos.   Esta forma ideal se reconoce en el patrón de raza actual vigente desde 1990. La correlación directa de forma y función, nos permite ahora comprender mejor las razones que definieron este patrón morfológico.   Aquellos animales que suplen las deficiencias morfológicas con el corazón (brío) para mostrar una función exigida por el jinete, tienden a ser poco longevos.   Ampliamos entonces el concepto y la relación directa de forma-función a forma-función-sanidad.

Creo que es un error tratar de diferenciar razas utilizando únicamente un patrón estático, que utiliza la morfología (forma) como herramienta principal para distinguirlas, dejando la función como un resultado subsidiario pues la descripción verbal de estas características morfológicas generalmente utiliza adjetivos amplios y con frecuencia, subjetivos (lomo con buena cobertura muscular, riñón bien unido, grupa proporcionada…).   Esta descripción amplia permite entonces que califiquen dentro del marco referencial animales con gran diferencia en la función.   Si utilizáramos la vía alterna, de describir con adjetivos certeros la función y luego hacemos referencia a la forma que se requiere para que esta función se exprese de manera natural y promueva la sanidad, tendríamos una mejor zaranda para separar los animales buenos de los malos y los que deben seleccionarse como reproductores (as) a través del tiempo.   Por eso es ahora nuestro reto de complementar el patrón morfológico de la raza con un patrón funcional, haciendo evidente su íntima relación.

La altura y volumen del tercio anterior comparado con el posterior desplaza el centro de gravedad del caballo influenciando su equilibrio natural parado y en movimiento. El esqueleto del caballo forma tres arcos naturales, el cuello formado principalmente por las vértebras cervicales, dorso – grupa formado principalmente por las vértebras torácicas, lumbares y sacras fusionadas, y el arco de la cola formado por las vértebras coccígeas.   El esqueleto del caballo en reposo forma un arco largo, no una línea recta. Estos arcos no son visibles, sino formado principalmente por las vértebras de la columna.   Visiblemente tenemos el arco convexo formado por la crin y cuello, que toma su contorno del ligamento nucal, que se une al arco del dorso lomo que tiene una línea visible recta o ligeramente cóncava.   Esta aparente diferencia entre el arco vertebral y la línea visible del dorso-lomo se debe a que las vértebras torácicas tienen unos procesos dorsales altos sobre los cuales se insertan los ligamentos que dan soporte al dorso.   Lo importante desde el punto de vista de conformación es que dichos arcos visuales sean bien seguidos, sin cambios bruscos en el contorno o puntos de quiebre.   La grupa a su vez, redonda, ancha (vista posterior) y larga (vista lateral), forma a su vez un arco musculoso que inicia en el sacro y termina en el corvejón.

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La espalda (escápula) larga e inclinada en el plano horizontal, con buena musculatura, facilita llevar los miembros hacia adelante (extensión) y hacia arriba (agudez) en cada movimiento, porque músculos largos al contraerse más, mueven los miembros más que músculos cortos.

La escápula es el bastión sobre el cual descansa todo el miembro anterior y no está unida al esqueleto por una articulación “hueso a hueso” como sí sucede con los miembros posteriores, sinó que está amarrada a las costillas y vértebras torácicas por músculos y ligamentos que a su vez generan el movimiento de ésta cuando ellos se contraen   Un grupo muscular (pectorales) se encargan de sostener la escápula para que sea capaz de soportar el peso del tórax que “guinda” como una hamaca (esfuerzo de soporte) y el otro grupo muscular mueve la escápula para adelante y atrás, arriba y abajo, además de un movimiento semicircular (serrato, latissimus dorsi por abajo y trapecio por arriba) y todos estos movimientos influencian a través de la articulación del hombro los otros huesos del miembro anterior.   Asimismo, desde el punto de vista de juzgamiento morfológico, la falta o exceso de desarrollo de algunos de estos grupos musculares nos darán pistas del performance funcional. Por ejemplo, un trapecio muy desarrollado nos dará una pista certera de un animal que se desplaza “apoyándose sobre los hombros”, esfuerzo equivalente al que realiza un trapecista de circo al subir por una cuerda.

Entre menos tensión exista en estos músculos, mayor será el pivote que ejerce la escápula sobre el húmero (articulación del hombro o escápulo-humeral), generador a su vez de la soltura o movimiento de la articulación del codo (húmero/radio), afectando directamente la agudez, extensión y término y en general afectando positivamente el largo del tranco de los anteriores, que sobra decir, es congruente con el largo del tranco de los posteriores. La acción de los anteriores es armónica con el funcionamiento del dorso, grupa y posteriores; por eso la importancia de esta armonía para el desplazamiento correcto.

El arco superior de la escápula tiene mayor rango de movimiento cuando la espalda es inclinada generando la extensión y alcance de los miembros anteriores, mayor amortiguación de fuerzas generadas por vectores verticales y por ende, mayor suavidad de pisos. Una espalda vertical se relaciona a carencia en la capacidad de amortiguación durante los apoyos y se manifiesta en caballos que presentan una “punta de hombro” (articulación escápulo-humeral) difusa o menos marcada. No sólo afecta el ángulo de la escápula sino el largo. Una escápula corta que mantiene la inserción en el mismo punto obliga a incrementar el ángulo del húmero.   Una escápula 15% más corta implica un húmero 15 grados más vertical. Esta combinación no es favorable porque reduce la amplitud de movimiento. El húmero es el componente del miembro anterior que más contribuye a la habilidad de mover el codillo hacia abajo cuando el miembro anterior está en suspensión generando la extensión o alcance. Una escápula larga (espalda) y un húmero largo (brazo) permiten agudez y extensión ya que el movimiento del húmero jala la articulación del codo y todo el radio (antebrazo) hacia adelante produciendo la extensión y la soltura, entendiendo la soltura como la habilidad de mover el codo hacia adelante (alejándose del esternón hacia adelante) causando la extensión del radio (antebrazo) e influenciando el largo del tranco y consecuentemente el avance. Un húmero funciona como un eje que al moverse genera un arco.   Un hueso más largo, con la misma energía genera un arco mayor, con la influencia directa sobre el movimiento de todo el miembro anterior y por ende el largo del tranco, induciendo la cadencia o pausa y como resultado mayor avance ya que requiere menor cantidad de batidas para recorrer la misma distancia. La espalda inclinada acompañada con un húmero largo, tiene el efecto de correr hacia atrás la articulación humero-radio (codillo) y este a su vez dicta el aplomo anterior, por ello hablamos en el patrón de un miembro anterior remetido. Animales con espaldas verticales o un húmero horizontal tienen un centro de gravedad más adelantado o animales con un húmero muy horizontal presentan una tendencia a apoyarse sobre los hombros.   Una espalda larga y horizontal tiene la capacidad de proyectar los anteriores hacia el frente. Por ello el patrón del CPP menciona punta de hombros robusta y saliente. El largo del cuello, la espalda, brazo (húmero) y antebrazo (radio) inducen a un tranco largo con suavidad y elegancia, o sea que determinan el estilo de movimiento y la habilidad atlética del caballo.   Cuando hablamos de un miembro anterior remetido, es importante recordar que éste debe ser siempre vertical (aplomado tal cual plomo de carpintero).   O sea, que el miembro anterior esté remetido, se refiere a que está atrás de la línea vertical con referencia a la cruz.   Esta posición “remetida” hace más dramática la figura de punta de hombro saliente también referida como “pecho de paloma”.

Si en los miembros anteriores es deseable la buena conformación, en los posteriores es vital, ya que la mayor parte de la fuerza necesaria para el desplazamiento e impulsión se genera en el tercio posterior. Por esto se dice que el caballo tiene “motor trasero”.   Un dorso largo tiene menor capacidad de carga y es más propenso a lesiones que uno corto y musculoso. Importantísima la articulación lumbo-sacral, (comúnmente llamada área del riñón, porque el riñón se ubica dentro de la cavidad abdominal debajo de esta articulación, -pero no tiene nada que ver con la locomoción del caballo-). Cuando decimos que un animal tiene buen riñón nos referimos a que tiene un músculo ilio-psoas poderoso, capaz de flexionar la articulación lumbo-sacra.   Esta área que debe ser corta, ancha, con buena musculatura que se inserta en los procesos dorsales (arriba) y alares (horizontales) de las vértebras lumbares que tienen una orientación hacia adelante para permitir que los ligamentos actúen como poleas cuando el músculo iliopsoas se contrae y jalan de la inserción en la cara lateral interna del ilion. Esta articulación es la culpable de transmitir la fuerza generada por los posteriores hacia adelante y la que determina la habilidad atlética de los caballos.

La pelvis, hueso formado por la fusión del ilion, isquion y pubis, forma la grupa y es la principal responsable por la reunión del caballo al desplazarse. El largo, ancho y musculatura asociada a este hueso, le da redondez a la grupa y fuerza al movimiento de los posteriores. Un fémur también largo e inclinado (cuando el ángulo entre este hueso y la horizontal de 18 a 22 grados) facilita el trabajo de los músculos de la babilla y oblicuos ventrales (rectus abdominalis) para jalar hacia adelante los posteriores en la fase de suspensión y colocarlos bajo la masa. Este ángulo inclinado de la grupa promueve la habilidad de flexión de la articulación coxo-femoral, remetiendo los posteriores hacia adelante justo bajo el centro de gravedad logrando estabilidad y recuperación del balance.   El casco anclado en esta posición, permite un tranco más largo y colabora para que la contracción muscular de las masas ubicadas por “atrás” del fémur, en la fase apoyo, generen mayor tracción causante de la fuerza de impulsión. El ángulo inclinado de la pelvis, también se manifiesta como lo menciona el patrón, en un nacimiento de cola bajo, por debajo de la línea horizontal que pasa por la punta de anca (tuberosidad coxal).

Un corvejón (tarso) limpio y fuerte con la angulación adecuada va a ayudar a este objetivo de remeter los posteriores.   Por ello decimos que esta articulación, vista por el lateral, asemeja las manecillas de un reloj que marca las 11:35, siendo las “11” la tibia y “35” la caña.   Esta conformación podría considerarse defectuosa en otras razas con diferente función, pero totalmente adecuada para lograr un tranco amplio y terrero, sin vectores verticales que desaprovechen energía. Corvejones muy salidos de la vertical formada por el plomo de la punta de la nalga, son incapaces de remeter los posteriores generando menor atranque e impulsión, base del avance. Corvejones que se desplazan sin vectores verticales promueven un movimiento más eficiente por no haber liberación de energía vertical, que no contribuye ni al avance ni a la suavidad ya que todos los vectores ascendentes tienden a generar un efecto contrario posterior, por la ley de la gravedad.

Cañas (tercer metacarpiano en anteriores y tercer metatarsiano en posteriores) cortas y gruesas se asocian a tendones flexores y extensores más fuertes que en cañas largas y delgadas. El alineamiento y la inclinación de las articulaciones de la cuartilla y menudillo (primer y segunda falange) permiten la amortiguación al inicio de la fase de apoyo y la liberación de la energía elástica al final de la misma, generando la impulsión génesis del avance. Entonces, entendemos impulsión como la fuerza que se genera por la acción de los posteriores en la segunda parte de la fase de apoyo (siendo la primer fase simplemente la recuperación del equilibrio).   Esta fuerza es generada por la liberación de la energía, que precisamente se acumuló en la parte inferior del tercio posterior (ligamentos) al recuperar el equilibrio o primera fase del apoyo que justo ocurre al finalizar la fase de suspensión o protracción del miembro posterior.   Es en esta fase de suspensión, donde la ejecución debe realizarse con decisión, para que el miembro posterior se ubique en el “suelo” lo más adelante posible, “debajo de la masa” y contribuya al largo del tranco.

Cuartillas muy cortas generan un arco de movimiento corto (clavadores) y las muy largas son propensas a generar lesiones al permitir que la parte posterior del menudillo por debilidad llegue a tocar el suelo y generan un mayor estrés a los ligamentos flexores y extensores del casco. Más importante que el largo de las falanges per se, es la debilidad de los ligamentos ya que error cometeríamos si asociamos la debilidad únicamente al largo de las falanges y no tomamos también en consideración la constitución de los ligamentos, básicamente la relación de elastina y colágeno propia del individuo y determinada a su vez por el código genético. Por ello el patrón menciona cuartillas de tamaño medio, aproximadamente 9-11 cm. Tamaño, forma y ángulo correcto son fundamentales para la calidad de movimiento y longevidad del animal. En resumen, en los miembros anteriores, espalda larga, antebrazo largo y cuartillas medianas con un ángulo igual al ángulo de la escápula. En los posteriores, grupa inclinada, fémur largo, tibia larga, cañas cortas y cuartillas medianas.   Largo de la punta de la cadera al corvejón y corto del corvejón al suelo.

Un cuello insertado muy “abajo” resulta en un posición humilde de la cabeza y una tendencia a “moverse sobre los hombros”, peor aún, relativamente incapaces de remeter los posteriores y generar impulsión. Cuellos largos, insertados “mas alto”, permiten mas soltura de escápulas, mayor extensión y mas soltura de brazo.

Por esto hablamos que el caballo Peruano de Paso, visto por el lateral, puede dividirse en 3 partes de igual longitud: A) De la punta del hombro a la cruz, B) De la cruz a la punta del anca (tuberosidad coxal) y C) De la punta de la cadera a la punta de la nalga (tuberosidad isquiática).   Para que esto se cumpla, el animal debe tener el volumen que le permita acomodar una escápula larga, un dorso corto y una grupa larga.   Hablamos también que el caballo puede dividirse en 2 partes de igual longitud sobre el eje vertical: A) De la cruz al esternón y B) Del esternón al suelo. El largo total (del hombro al filo de la nalga) igual a la alzada (altura de cruz). La altura a la cruz (apófisis de la cuarta vértebra torácica) debe ser igual o ligeramente superior a la altura de la grupa (parte superior del sacro).   De lo contrario, el centro de gravedad se desplaza hacia adelante haciendo más difícil que el caballo alcance los posteriores bajo su masa, lo que determinará a su vez la impulsión y el avance.

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La manera de coordinar sus cuatro miembros en determinado aire, la trayectoria de los cascos en la fase de elevación, la forma de apoyar el casco en el suelo, la capacidad de remeter los posteriores bajo la masa, la amplitud de los trancos, el grado de disociación de las batidas laterales, dependen tanto del código genético (qué hacer) como de la morfología (cómo lo hace) y actúan en conjunto, para lograr la suavidad y el avance que caracteriza la raza.

La reunión permite al caballo moverse y llevar el peso del jinete en su espalda. Cuando el animal se pone “redondo”, primera fase de la reunión, inclina la pelvis por la acción de la articulación lumbo-sacra iniciada por la contracción muscular lumbar del iliopsoas y la contracción ventral del rectus abdominis, que tira de la parte interna de la pelvis, inclinando ésta, la cual a su vez empuja el fémur que tiene orientación craneal (hacia adelante) e inicia la fase de protracción del posterior.   Esto inicia una serie de cambios de postura que van en cascada hacia adelante, entre ellos la base del dorso se arquea convexamente para soportar el peso del jinete (efecto báscula), la base del cuello formado por la articulación de la sexta cervical y la primera vértebra torácica se levanta por la acción de los músculos longus colli y escaleno que se ubican por la parte inferior de las vértebras cervicales, permitiendo la posición telescópica del cuello y el apoyo que completa o une el arco formado desde el casco del posterior hasta la mano del jinete.

El patrón locomotor preestablecido por la secuencia y coordinación de los cuatro miembros que se repite cíclicamente se denomina aires. El paso es el aire más lento.   En cada ciclo, el caballo realiza los mismos movimientos con sus dos lados del cuerpo por lo que se considera simétrico. La duración de las fases de apoyo y suspensión (protracción), así como la fase de apoyo lateral y la transición al apoyo diagonal es igual por lo que se llama también un aire sincrónico. El paso llano, piso o paso peruano, es la repetición cíclica de ocho cuadros o patrones según la posición de sus miembros en la fase de apoyo, de manera que existen cuatro apoyos triples, dos apoyos dobles diagonales y dos apoyos dobles laterales en permanente contacto con el suelo y con una secuencia constante.   En el caso de los apoyos diagonales, los miembros anterior y posterior casi llegan a tocarse, opuesto al trote donde en los apoyos diagonales el anterior (en suspensión) está totalmente alejado de su diagonal trasero (en la fase final de apoyo e impulsión).   En el paso peruano o piso, los apoyos laterales duran más en tiempo que los apoyos diagonales por lo que también se llama un aire asincrónico. La dispersión de las fuerzas generadas por el peso del caballo y del jinete en estos ocho cuadros es la base para la suavidad típica de la raza.   Esta diferencia en los tiempos de apoyo lateral versus el tiempo de apoyo diagonal determina la calidad del piso y diferencia el paso ordinario del piso peruano.   Este aire asincopado en el Perú se le llama piso.

En el trote, donde existen instantes de suspensión total, al regresar a las fases de apoyo, se genera un impacto que no se presenta en el caso del paso llano y es por ello que el paso llano es mucho más suave para el jinete.   En el paso, paso llano y sobreandando la secuencia de apoyos y suspensiones es siempre la misma: PI-AI-PD-AD, marcando la diferencia entre ellos el tiempo creciente o tardío de llegada al suelo del anterior versus el posterior ipsilateral.   En el caso del trote esta secuencia sería PI-AD-PD-AI.   Es por esto que en animales que naturalmente se desplazan al trote, cuando caminan al tranco la huella del posterior nunca sobrepasa la huella del anterior del mismo lado, ya que cuando el posterior termina la fase de elevación e inicia la fase de apoyo, el anterior del mismo lado no ha iniciado la fase de suspensión y se alcanzarían.   Cuando se desplazan al paso (tranco), animales que naturalmente tienden al trote, van a formar una “V” visual cuando el posterior trata de alcanzar al anterior del mismo lado.   Cuando su movimiento tiende al lateral, ambos miembros se mueven hacia adelante con sincronía al salir ambos cascos del suelo al mismo tiempo y por ende no se forma la “V” visual como sucede en el trote o movimientos con tendencia diagonal.

El centro de gravedad o punto de equilibrio siempre busca el centro de los miembros que están en apoyo.

El espacio que recorre un caballo al paso en un ciclo completo de movimiento es la amplitud del tranco o distancia entre apoyos y el número de batidas en un tiempo determinado es la frecuencia del tranco.

La duración de la fase de apoyo en el paso es un indicativo de la calidad del aire.   Aquellos animales que en su desplazamiento dan trancos más lentos (menor frecuencia) y cadenciosos, pero a su vez más largos y duraderos en su tiempo de apoyo, tienden a ser más potentes en condiciones más exigentes, al manifestar un mayor rendimiento con un mínimo esfuerzo. Lo opuesto sucede en animales de razas caracterizadas por desplazamiento en trote, donde la duración de la fase de suspensión es indicador de calidad.

Al aumentar la velocidad del paso, el caballo tiende a aumentar la frecuencia del tranco.   Pero puede también mantener la frecuencia aumentando la amplitud del tranco. Por eso, los caballos al paso llano deben “pasar la pata” (atranque) en mayor grado que al paso.  Cuanto más sobrepase la huella, mayor desplazamiento posterior del centro de gravedad y mayor peso descarga sobre su tercio posterior, facilitando el empuje y la carga. En largos recorridos, preferimos caballos que tengan un tranco amplio a aquellos que para desplazarse a la misma velocidad necesitan una mayor frecuencia de batidas con menor amplitud (repetidores), ya que estos realizan un gasto muscular (energético) mayor y que en igualdad de condiciones físicas, los lleva a manifestar síntomas de cansancio con mayor prontitud.

La fuerza de impulsión necesaria para el movimiento proviene en mayor parte de la propulsión que los miembros posteriores liberan durante el apoyo, resultado de la contracción de la musculatura de la región del lomo, de la grupa y de la región posterior del muslo (nalga) y por ello la importación de la conformación de estas áreas.

En la “primera mitad” de la fase de apoyo, la pelvis, el corvejón (tarso) y la articulación del menudillo posterior se tornan auténticos depósitos de almacenamiento de energía al recibir el peso del animal y jinete; también conocida como fase de equilibrio.   En la “segunda mitad”, esta energía almacenada se dispara por la acción de los músculos de los posteriores (grupa y nalga), causando la extensión (apertura) de las articulaciones y que manteniendo el casco fijo como ancla en el suelo, obliga el desplazamiento la masa del caballo hacia adelante, también conocida como fase de impulsión, en gran parte promotora del avance típico de la raza.

La capacidad de situar los miembros posteriores lo más cerca posible de la proyección en el suelo de su centro de gravedad es importante pues la acción de tracción es más eficiente. Al iniciar la fase de suspensión, la musculatura del vientre, los músculos oblicuos de las costillas y de la región “del riñón” (área lumbar) que se insertan en la pelvis, se contraen y la jalan hacia adelante, incrementando su grado de inclinación natural y con ello, empuja el fémur que a su vez tiene una inclinación y dirección hacia adelante (craneal), impulsando todo el posterior hacia delante, de manera que el casco se sitúe bien adelante y debajo de la masa iniciando la primer parte de la fase de apoyo.   De seguido, los músculos de la grupa y nalga se contraen generando la impulsión y se mantienen en esta fase hasta que el corvejón llegue a su máxima apertura y el casco posterior despegue del suelo para iniciar un nuevo ciclo.   Por esto es que el último casco en despegarse del suelo es el que genera la impulsión.

Como la secuencia que se inicia en las vértebras tiene incidencia directa en la función de aquí la frase que la dinámica de la espalda y dorso gobierna la dinámica de movimiento al punto que deberíamos describir la reunión y extensión no en términos de la acción de los miembros sinó de la acción del dorso.    Por esto, el patrón morfológico del CPP habla de dorso corto y bien unido (popularmente decimos buen riñón), con buena cobertura muscular, grupa larga, ancha y musculosa y región sub-esternal paralela al suelo (buen volumen) opuesto a animales “acinturados” o “cintura de avispa”. Los músculos son el único tejido que se contrae cuando es estimulado por impulsos nerviosos. Funcionalmente, esta contracción muscular que permite el movimiento de los posteriores paralelamente tiene el efecto de “empujar hacia arriba” toda la columna vertebral, produciendo la reunión que ayuda a llevar el peso del jinete.

En animales cadenciosos, el recorrido de los posteriores va acompañado con un recorrido similar de los anteriores (extensión).   El alargamiento del cuello y la acción de los músculos longus coli y escaleno, al contraerse tiran la espalda (escápula) y brazo (húmero) hacia adelante y favorecen un “paso largo”.

El principal factor para una determinada función es la conformación, pero debemos reconocer que el entrenamiento, la condición del animal y la acción y posición del jinete tienen un efecto en la biomecánica que amerita consideración adicional.   Es por ello que en los juzgamientos del CPP, los jueces primero estudian cada animal individualmente, comparándolos contra el patrón morfológico y con los otros sujetos en la cancha, para luego complementar su fallo con las apreciaciones funcionales, priorizando virtudes y defectos que nos permita clasificar los animales en la cancha con base en su calidad.

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