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La Segmentación en la Crianza del Caballo Peruano de Paso.

Por Belisario de las Casas D’Onofrio

Comenzar con el final, no hablar de mi……

La crianza del caballo peruano de paso definitivamente no es fácil. Comencé a ocuparme o mejor dicho incidir en la crianza de caballos por mi papa; quien lo hizo por mi abuelo. Cuando tenia 13 años comencé a interesarme en poder ser el que “crea” caballos y basado primero en lo que me gustaba montar, segundo en lo que mi papa me decía que tenia que tener un caballo bueno, tercero en lo que me contaban de los caballos que nunca conocí y por supuesto finalmente en la eterna ignorancia dicta. Obviamente cuando criaba a esa edad no lo hacia por mis propios medios económicos, por lo que no era dueño del estoicismo que todo criador de caballos tiene especialmente en Lima tiene donde criar no es fácil ni mucho menos barato. Cuando tenia 16 años, entraron delincuentes al criadero y mataron mis 6 mejores caballos, entre ellos mis 3 yeguas madres. Cuando cumplí 21 años, comencé a trabajar. En ese entonces la cría ya era “con aporte económico personal”. Afortunadamente con los años mi educación y carrera profesional me han ayudado a mantener esta cría viva pero comprendí que si algo tenemos que tener en nuestro criadero es claridad. La palabra “claridad” creo que es fundamental para todos los criadores jóvenes especialmente (y me refiero a jóvenes por los años de crianza). Recuento un poco mi experiencia para recordarme que  jamas ha sido fácil ni siempre feliz. Si algo tenemos claro es que los recursos económicos, el tiempo, el espacio y por supuesto la vida (especialmente la de los animales) son escasos y finitos por lo que debemos ser muy claros respecto a qué es lo que estamos haciendo con nuestra cría y hacia dónde queremos llevarla. La única persona a la que se le puede engañar con un caballo es a uno mismo, no teniendo claro que es lo que se quiere, que es lo que se tiene y que es lo que se busca. En lo personal, con este documento comparto de manera resumida un poco de mi mente y cómo yo “segmento” a mis caballos en el criadero con el fin de nunca tener más de lo que necesito. La selección es fundamental, mas esta no necesariamente se debe hacer solamente clasificando a los caballos del 1 al 12 y matando todo lo que venga después del 6. A mi modesto entender hay algo mas que tomar en cuenta.

Cuando entro al criadero lo que busco es cumplir con una segmentación clara de mis caballos. Para cada uno, lo trato de involucrar en el “aporte” a mi crianza y a mi formación como criador. Cuantas veces nos hemos puesto a pensar “tengo demasiados caballos, tengo que seleccionar”. Queriendo hacerlo, uno repasa lo que tiene y termina haciendo cualquier cosa menos bajar el numero de caballos. Creo que esto lo hacemos porque cada caballo cumple un fin en el criadero pero cuando este no está correctamente identificado, siempre tenemos una excusa por la cual dejarlo allí.

Estoy seguro que nos hemos oído diciendo:

“Este es mi caballito social, con el que voy a las cabalgatas, exhibiciones e incluso es tan manso que lo montan mis hijos y mi esposa”.

“Este ni loco lo saco, estoy enamorado de este caballo”.

“Esta yegua vas a ver lo que va a sacar, va a ser un gran vientre”

“Este va a ser ese potro que voy a usar en todas mis yeguas a ojos cerrados”.

“Este es el mejor caballo del criadero, ni loco salgo de este, nunca ha bajado del tercer puesto”.

“Este caballo tiene la linea directa de mi abuelo, lo que tengo que hacer es cruzarlo más”.

Estoy seguro que todos los que criamos en algún momento hemos dicho algo parecido al momento de ver de qué manera le damos un respiro al bolsillo o en todo caso cuando necesitamos liberar un box o un corral. Nada de lo dicho está mal, solo lo está, si en el fondo no estamos siendo honestos con nosotros mismos.

Describo lo que para mi son los tipos de caballos que puedo mantener en el corral, los invito a leerlo y a la vez auto segmentar su criadero.

El caballo para montar: el leal, el que me lleva y me trae, mi herramienta de trabajo y de entretenimiento. Siempre esta ahí para mi, suave, dócil y fuerte. Cuando hablamos de este tipo de caballo creo que en muchas ocasiones hablamos del caballo que inicia el romance de todo aquel que se enamora de esta raza de caballos. En definitiva la mejor manera de empezar a criar caballos peruanos de paso es con un capón o una yegua para montar con amigos, pasear en el criadero y tener ese primer contacto con nuestra raza. Los que hemos nacido entre patas de caballos, nos interesamos por los caballos montando. Cuando de niño no veíamos las horas que nos ensillen el caballo, seguramente incluso fue el primer caballo que ensillamos, ese caballo es el juguete que te envuelve en este mundo. En muchas ocasiones no es el caballo más bonito y fino de todo el criadero pero en definitiva ansiamos que todos nuestros caballos tengan atributos que ellos tienen: la fortaleza, la docilidad y la suavidad. A este caballo se le puede llamar “funcional”, al caballo que verdaderamente paga por su comida y en muchos casos es el caballo que menos necesidades presenta. Pensemos si lo tuvimos y preocupémonos si no lo tenemos hoy dado que si algo mantendrá viva la llama con la crianza es este tipo de caballo. Si en lo personal por distintas razones no pueden seguir montando su caballo, este caballo funcional será el que inicie en la afición a un familiar o amigo de cualquier edad.

El caballo idolatrado: el que me encanta, me enamora, le tengo un especial aprecio.

Es el caballo que desde que nació, como en todas las relaciones de enamorados tiene ese algo que muchas otras personas probablemente ni ven pero al dueño lo tiene prendado. Hay una definitiva idolatría y por el cual siempre serás capaz de tener caprichos. Esa idolatría en muchos casos puede ser porque el criador ve en ese caballo ese atributo que ansia en el resto de sus animales e incluso probablemente por el que rezó. En este caso se puede pensar que ese animal es la muestra de una leve irracionalidad. En muchos casos ese apasionamiento es la semilla de futuras equivocaciones pero también de la marca y el sello que todos los que criamos queremos tener en nuestra cría. Es extremadamente importante que con los años nos convirtamos en los peores críticos de nuestro resultado y sepamos delimitar los pasos a seguir para siempre avanzar. Esta critica, no puede cortarnos las alas, confiemos en nuestro instinto que cuando los objetivos se buscan de manera apasionada, simplemente suceden.

El caballo de cría: el del corazón, nadie tiene que entender  el por qué ese caballo es importante en el criadero.

Es el caballo que poco a poco haz ido construyendo y que de alguna manera es el que tiene la mayor cantidad o el mas alto porcentaje de atributos que el criador le busca a su caballo ideal. Ojo-probablemente este caballo no sea el mejor caballo de concurso, no sea el más bonito del criadero pero es el que le ha permitido mostrarse como criador, como un buen cruzador de caballos. En la crianza de cualquier animal, son muy pocas las ocasiones en donde para llegar del punto A al punto B se haga en un “non stop trip”, por el contrario, en la mente de muchos criadores el punto B en mención esta cada vez mas lejos. Este caballo es aquel que te dice que estas en el camino correcto, al menos en lo que a ideales y estimaciones del futuro respecta.

El caballo de concurso: la “carta concurso”, con la que un criador se da a conocer en las canchas y le da las rosetas que adornan el cuarto de monturas.

Este tipo de caballo es definitivamente el caballo que ha puesto a nuestro caballo peruano de paso en los niveles tan espectaculares en lo que a “nivel de dificultad” respecta. El caballo campeón de un concurso no necesariamente es el caballo que se debe criar si es que no es parte de tu ideal de caballo. El hecho que un juez clasifique a un caballo como el mejor de su categoría o incluso del concurso, no necesariamente significa que ese es el caballo que se deba usar para cría. El ser campeón, relativiza al caballo y sus atributos versus a los demás participantes que obviamente no siempre son los mismos. El concurso no es más que una competencia y esos caballos de concurso que tenemos en el criadero deben ser evaluados relativos a nuestro ideal para saber cual es su rol en nuestra cría. Un pechopetral no necesariamente los hace ser la mejor alternativa para llegar a nuestro objetivo.

Al final tener claro cuáles son los caballos de concurso, nos pone en el mapa competitivo y por supuesto nos entretiene de sobremanera poder participar contra grandes criadores y grandes caballos. Este caballo es nuestro generador de adrenalina y emoción. Estos caballos alimentan tu ego, te generan la ansiedad competitiva y la emoción de dar tu caballo a conocer comparándolo con el resto.

El caballo del legado: es lo que quiero tener siempre, el que lleva mi apellido, el que tiene ese valor sentimental que jamas debes dejar ir.

Este es un caballo que no recomiendo a nadie dejar de tener. Este caballo es aquel que pone en evidencia nuestra lealtad, agradecimiento y raíces. Cuando uno tiene aún la fuente y raíz de nuestra crianza y/o lo más cercano a la misma, está destinado a portar un estandarte y hacer las cosas con pasión siempre. Estos caballos pueden incluso, a lo largo de las generaciones, generar pequeños saltos “para atrás”, pero he ahí el arte. Uno de los fines que personalmente he tenido en mi cría es, por ejemplo, tener el potro que le van a mis yeguas viejas. Quiero hacer todas las veces que la vida me lo permita tener hijas mejores a las yeguas de mi padre pero que claramente llevan el sello y los atributos originales. Lo que por muchos años mi padre y abuelo hicieron quiero que lo hagan mis hijos pudiendo decir que su papá mantuvo viva la memoria y el recuerdo de tantos años de trabajo y afición. Este caballo forma y hace perdurar a los criadores.

Dicho todo esto me hago la siguiente pregunta: “por que crío?”

Porque antes que un cabalgador y antes que un exhibidor de caballos soy y quiero ser siempre un criador. Quiero que todos mis animales hablen por mi; quiero que cuando yo describa un caballo bueno y lo vean luego en mi criadero, me cataloguen como consecuente. Para hacer esto el primer dilema que afronto es qué es lo que debo criar y debo ser consciente que si algo está en el criadero es porque respeto alguno de sus atributos.

El caballo de montar

  • La funcionalidad y disposición 

El caballo idolatrado

  • El sello, el no se que pero es

El caballo de cría

  • El que tiene expuesto mi ideal en cierto grado

El caballo de concurso

  • La capacidad de sobrellevar el rigor de la competencia y ser bien clasificado relativo al resto

El caballo de legado

  • La historia, lealtad del criador con su origen

Ahora hago una pregunta importante: si mezclo todos estos atributos en un solo caballo, lo tengo? Llegue al punto B? Pues sí, pero dudo que un caballo cumpla con absolutamente todos los atributos. En lo personal, no lo tengo. Tengo caballos hoy en todos los segmentos? Si; y hay alguno que no encuentre un segmento? Pues no, ya ese fue el primer seleccionado para irse del criadero.

El segundo en irse es aquel que dentro de su segmento no llega al umbral que personalmente exijo. Por ejemplo, tengo catalogados como caballos para montar tres; los necesito? Pues no, sólo dos, el titular y el suplente. El que yo puse en tercera posición, se va.

El tercero en irse es el idolatrado. Tengo 3 machos, idolatrados, quiero sólo uno? Incluso tal vez ni siquiera quiera machos idolatrados, los prefiero hembras. Con este razonar se fueron el tercero, cuarto y quinto caballo.

El sexto y sétimo serian las hembras idolatradas ya que sólo me quiero quedar con dos de esas que son parte fundamental de mi ilusión.

En conclusión, los pasos a seguir son:

  1. Definir los segmentos
  2. Asignar una prioridad a cada segmento (cual es mas importante para mi gran objetivo)
  3. Segmentar los caballos actuales (no hay caballo en dos segmentos)
  4. Definir los parámetros de cada segmento (ejemplo cuántos quiero por cada uno)
  5. Comenzar a “ejecutar” los parámetros comenzando por el de menor prioridad

Algo muy importante es ser honestos. Con esto me refiero a que debemos ser claros y pragmáticos. Los únicos afectados por la falta de sinceridad y pragmatismo somos nosotros mismos. La crianza es propia y a la única persona a la que se debe rendir pleitesía es a uno mismo;  al único que se le debe lealtad es a uno mismo y lo único que un criador debe tener en la cabeza para tomar decisiones es su objetivo, su ideal. No podemos dejarnos llevar por los concursos ya que, en mi caso, no son un fin. En lo personal, el concurso para mi sirve para comparar mis caballos con los de otros criadores pero cuando ese caballo llega a la cancha, llega ya con un segmento propio y quiero saber como un juez lo clasifica versus el de otros criadores que en mucho casos son mas experimentados que yo. El único segmento que es influenciado por un concurso es el del “caballo de concurso”. De lo contrario estaremos criando lo que a otros les gusta.

Opino que nuestra raza caballar y las condiciones bajos las cuales criamos nuestro caballos merece tener cada vez mas criadores. El objetivo de escribir estas breves palabras no es enseñar ni dar cátedra, es colaborar. Hay muchos criadores nuevos, e incluso criadores con años de experiencia nunca se han sentado a pensar con frialdad cómo se debe estructurar una selección de manera pragmática. Al final, no tener claro el método de selección dentro de un criadero perjudica al dueño y por supuesto al ocurrir esto, a la raza. Considero un atrevimiento poner en blanco y negro lo que podría aparentar ser una insolente lección de un humilde criador como quien escribe. Compartir mi manera de pensar no solo puede ayudar a otros colegas sino a mi mismo cuando criadores de gran trayectoria corrijan mis formas, cosa que agradeceré tremendamente siempre.